Mitos y verdades sobre qué deportes han crecido más en popularidad
Alrededor de qué deportes han crecido más en popularidad circulan casi tantos mitos como cifras reales, y este artículo separa unos de otras: el pádel, el pickleball, el trail running y los esports son, con datos en la mano, las disciplinas de mayor crecimiento, pero las razones que se les atribuyen suelen estar torcidas. Como aficionado que ha seguido de cerca los deportes que crecieron en popularidad, quiero desmontar las creencias más repetidas y dejar en pie solo lo que las cifras sostienen. Vamos por partes, mito a mito.
Mito 1: “Es todo una moda que se desinflará”
Falso, al menos como afirmación general. Las modas no construyen infraestructura permanente, y el pádel levantó clubes con estructuras competitivas en más de noventa países. El pickleball creó circuito profesional y atrajo inversión seria. Una moda dura un verano; estos deportes llevan más de una década subiendo. Lo que sí es verdad es que las curvas más vertiginosas se aplanarán: nadie mantiene tasas de dos dígitos para siempre. Pero aplanarse no es desaparecer. La base ampliada tiende a quedarse.
Mito 2: “El pickleball es solo cosa de jubilados”
Verdad a medias que ya caducó. Es cierto que arrancó siendo popular entre adultos mayores por su bajo impacto físico, y ese origen dejó una etiqueta pegajosa. Pero los números la contradicen: los practicantes en Estados Unidos pasaron de unos tres millones en 2018 a más de treinta y seis millones en 2023, y buena parte de ese salto vino de jóvenes que buscaban una alternativa social y menos exigente que el tenis. Hoy compiten veinteañeros con la misma intensidad que cualquiera. El mito describe el pasado, no el presente.
Mito 3: “El trail running creció por la pandemia y ya volvió a bajar”
Medio cierto, medio falso. La pandemia sí fue el detonante: las inscripciones a carreras de montaña subieron entre un cuarenta y un sesenta por ciento en muchos calendarios tras 2020, cuando los corredores urbanos huyeron a los senderos. La parte falsa es lo del regreso. Cuando volvió la normalidad, gran parte de esos corredores se quedó en el monte. El atractivo no era solo el confinamiento, sino la naturaleza, la desconexión y un reto que se compite contra uno mismo. Eso no caduca con una vacuna.
Mito 4: “Los esports no son deporte, así que no cuentan”
Aquí conviene separar dos cosas. Si el debate es filosófico, es legítimo discutir si un videojuego competitivo merece la etiqueta de deporte. Pero si el argumento se usa para negar su crecimiento, es un error de bulto. La audiencia global superó los quinientos cuarenta millones de espectadores en 2023, con finales que llenan pabellones y baten en visualizaciones a eventos deportivos clásicos. Se llame como se llame, es uno de los fenómenos de mayor expansión del sector. Negarlo por una cuestión de etiqueta es cerrar los ojos ante los datos.
Mito 5: “Estos deportes van a destronar al fútbol”
Falso, y este mito es el reverso entusiasta de los anteriores. Las tasas de crecimiento deslumbran justamente porque parten de bases pequeñas: duplicar tres millones es mucho más fácil que arañarle un punto al fútbol, que ya mueve a cientos de millones. Confundir velocidad con tamaño es el error clásico. Estas disciplinas redibujan el mapa de la práctica activa, sí, pero no van a sentar al fútbol en el banquillo en el corto plazo. Emocionarse está bien; exagerar, no.
Mito 6: “Crecen porque son baratos”
Verdad parcial. El precio ayuda en algunos casos, pero no es la explicación central. Una pista de pádel o un rocódromo no son precisamente gratis. Lo que de verdad comparten los deportes que suben es otra cosa: una curva de aprendizaje amable, que evita el abandono temprano; un componente social fuerte, sea el juego en pareja o la comunidad de sendero; y una buena adaptación a los formatos digitales que amplifican cada torneo y cada clip. El coste importa, pero la diversión inmediata y la comunidad importan más.
La verdad que queda en pie
Despejados los mitos, el hecho central resiste. Hay un grupo de deportes —pádel, pickleball, trail running, esports, escalada— que crecieron de forma medible y sostenida, y lo hicieron por razones concretas y repetibles, no por casualidad ni por marketing. Se aprenden rápido, generan pertenencia y se ven bien en una pantalla. Esa combinación es la fórmula del despegue.
Por qué importa distinguir el ruido de la señal
Como fan, me molesta tanto el escepticismo que niega lo evidente como el entusiasmo que promete revoluciones imposibles. La realidad, más interesante que ambos extremos, es que estamos ante un cambio genuino en cómo la gente elige moverse y divertirse. Reconocerlo sin exagerarlo es la única forma de entender de verdad qué deportes han crecido más y, sobre todo, por qué lo han hecho. Los datos están ahí; basta con leerlos sin los filtros del mito.